Rural Total

Escrito el 25 de agosto de 2.009

Después de 23 años viviendo en una ciudad bastante grande, nunca pensó que la vida del campo le llegara a gustar.
De hecho era la persona más anti-rural que se podía imaginar: le daban miedo las arañas, las cucarachas, las serpientes y todo tipo de vida animal pequeña y rastrera.
Además le daba asco pasar por una calle por donde habían cruzado las ovejas y hacía malabarismos para no pisar esas cosas semejantes a olivas negras.
Los perros le encantaban y también los caballos, aunque estos últimos le inspiraban mucho respeto y un temor más bien considerado.
Y evitaba en lo posible tocar todo aquello que pudiera manchar.

Sin embargo, sufrió una transformación casi total. Primero pasó a vivir a un pueblecito de no más de 50 habitantes y luego cambió a otro que superaba el millar.
Y allí se estableció. Tenía su casita con jardín, su perro, su caballo y ¡hasta su huerto!
Eso sí, la animaversión por las arañas y demás animales no la había superado.
Cuando no paseaba con su can, iba a dar de comer a los equinos o recogía tomates en el pequeño terreno dónde compartía frutos con los amigos.
Lo que nunca imaginó es que un día la necesitaran para ¡conducir el tractor!
Pensó que era una broma, pero al llegar al campo dónde tenían las alpacas de paja preparadas para recogerlas, le sacaron de su engaño. No era broma, era real.

Desde luego, ahora sí que podía decir que era rural total.

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