Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Hace ya muchos años que no os escribo ninguna carta, exactamente desde que tuve la edad en que los niños descubren que sus padres son los que ponen los regalos en los zapatos.  Sin embargo no por ello he dejado de creer en vosotros.  Siempre he defendido que no hay que dejar de creer en las cosas de la infancia.

Si me he decidido a escribiros de nuevo, a pesar de que, como la sociedad se empeña en creer, no tenga edad para ello, es porque tengo que pediros algo con urgencia.  Sé que no está bien pedir para uno mismo, que es egoísta, pero espero que no me lo tengáis en cuenta.

 Para este año, más allá de la paz mundial, el fin del hambre o de todo aquello que nos destruye a la humanidad, lo único que quiero es la felicidad plena en el hogar.

Que las diferencias no dejen de ser más que eso, y no pasen a ser trifulcas de mayor grado que empeoren la convivencia y la tranquilidad.  Y que a la hora de decir las cosas, pensemos primero en las consecuencias, probablemente dolorosas, que tendrán las palabras dichas a través de la ira irracional. 

Porque aunque después de la tormenta viene la calma, y siempre se haya dicho que las palabras se las lleva el viento, las grabadas en un corazón dolorido no vuelan.

Espero que no os canséis mucho con tantos encargos y que tengáis un huequito para leer esta carta de adulto.

Un saludo

Una niña grande

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Nuevo año

Por la fecha en que la que estamos, es tiempo de escribir balances de fin de año y listas de nuevos propósitos que luego no cumpliremos. 

No voy a hacerlo.

Sólo quiero decir que la mayor gloria no es no caerse nunca, sino levantarse cada vez que se ha caído así que:

-Tirad para delante cuando parezca que no haya salida.
-Perseguid vuestro objetivos por difíciles que parezcan.
-Sonreid.
-Preocuparos sólo por lo que sea realmente importante.
-Y sed felices.

(Ahora sólo me queda intentar hacer caso de mi propio consejo)

¡Feliz 2.010!

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