La saga “Crepúsculo” (2ª parte)

Hace casi medio año descubrí, así como de casualidad, que existía un movimiento grande de fans por la tetralogía cinéfila basada en las novelas de Stephenie Meyer .  Fue al leerlo en la prensa al día siguiente de ver la primera película en la televisión.

Entonces hice una reseña de la que, desde mi punto de vista, era una película maravillosa y pregunté por los títulos de los libros en los que estaba convencida, por entonces sin saberlo, en que estaba basada.

Esta semana, han llegado a mis manos por parte de una compañera de trabajo y la verdad, es que a pesar de las advertencias, he empezado a leerlos y ya estoy enganchadísima.

Lo malo ha sido recordar lo negativo que es ver primero una película antes de leer el libro, porque aunque eso hace que el libro guste muchísimo más, también hace que te des cuenta que la película sigue en tu cabeza, aunque pensaras que ya no estaba y mientras vas leyendo, las imágenes de la misma acuden al ser invocadas por la palabra escrita, sin dejar opción a que la imaginación vuele a su libre albedrío.  Y eso que lo intento con todas mis fuerzas.

Sin embargo, eso no quita para que el libro me esté seduciendo de tal manera que no pueda pensar en otra cosa que no sea leer.

No hice caso a las dos advertencias y ahora no hay vuelta atrás.  Espero que pueda escapar cuando se acaben los cuatro. (Mi compañera ya me ha dejado los tres primeros para que los tenga a mano cuando vaya terminando, para que no me frustre por quedarme colgada)

Educar en igualdad

Ahora sé por qué soy una inculta conscientemente. No leo los periódicos ni miro las noticias y en consecuencia nunca estoy enterada de todas las cosas que pasan a mi alrededor.

Sé que la gente pensará que es una tontería hacer eso, porque es muy importante saber qué ocurre en el mundo, pero es que cuando me decido a leer alguna noticia, siempre encuentro alguna cosa que me hace arrepentirme de haberme puesto a leer.

Hoy por ejemplo. Entre las noticias destacadas de la página inicial de yahoo, que no eran más que chorradas (a mí qué me importa quién tiene el mejor cuerpo de Hollywood o cuál es la boca con más influencia) me he tropezado con el siguiente titular: “Igualdad quiere cambiar el cuento”

Y ahí ya me he descompuesto. Está claro que la simpatía por el ministerio en cuestión que tenga el autor de la noticia va a influir mucho en su “visión objetiva” sobre el tema.

Pero lo que me “ha descompuesto” es lo que he ido leyendo, a partir de ahí, en la página oficial del proyecto “Educando en igualdad”

Por mucho que digan que lo que ha habido es una mala interpretación de la campaña (leer aquí), no hay más que leerse la guía del profesorado del proyecto, por ejemplo, para descubrir que su defensa por la coeducación y el lenguaje no sexista, es claramente una contradicción.

En su proyecto proponen algunas líneas e ideas en las que incidir tanto en la organización de un centro escolar y en los contenidos curriculares y materiales didácticos, como en la importancia de un lenguaje no sexista o de educar en relación:

“(…)
-La incorporación en el currículum escolar de contenidos de igualdad, como son la prevención de la violencia contra las mujeres, los saberes relacionados con el ámbito doméstico y el cuidado, la historia de las mujeres y las relaciones afectivo-sexuales.
(…)
-Las mujeres y las niñas necesitan reconocerse y ser reconocidas en las palabras que expresan la realidad, construyendo y transmitiendo el conocimiento. Es una necesidad existencial que no depende de normas.
(…)
-Crea una biblioteca de aula y de centro, que incorpore libros sobre la historia de las mujeres, biografías y manuales de investigación.
(…)
-Enseña la historia del feminismo en los contenidos de la asignatura de educación para la ciudadanía y en otras materias relacionadas.
(…)
-Escucha a las chicas por sí mismas y no en función de los chicos o en comparación con ellos.
(…)”

Estas ideas manifiestan, desde mi punto de vista, una clara ideología feminista que se contradice con la idea de “lenguaje no sexista”.

Si debemos educar en igualdad, debe ser con todas las consecuencias.

Y estoy de acuerdo con otras ideas que mencionan como considerar a los niños por su forma de ser y su personalidad y no por los comportamientos “atribuidos” a uno u otro género o con no comparar a niños y niñas. Pero es que no se debe comparar nunca a nadie, ni siquiera a los del mismo género.

Creo que olvidan que educar en igualdad no es sólo enseñar a que los príncipes de los cuentos compartan las tareas con las princesas, sino que hay que respetar y tolerar a todo el mundo, independientemente del color, el sexo o la forma de pensar.

“La igualdad (cito) es una riqueza porque valora la diferencia”, pero no sólo entre mujeres y hombres.

De madrugada

La cabeza duele y los párpados pesan.  Pero ahí sigues, en la misma posición que hace rato.

Intentas ponerte de pie, pero tus pies se quedan enclavados en la baldosa.

No sé a quién se le ocurriría decir eso de “se me han dormido…” pero qué equivocado estaba.  Más que adormecimiento es una tortura; un dolor insoportable que sólo puedes esperar que pase, sin poder mover los pies ni hacia adelante ni hacia atrás.

Por la ventana ya sólo se oye el silbido de las ruedas del tren de turno al girar sobre la vía.

Hasta los perros noctámbulos han apagado ya el volumen de sus ladridos.

Y en el aire, el rugir de algún bello durmiente clama que hace rato que pasó la hora de acostarse.

¡Mañana será otro día!

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