Master CHOF

Hace cosa de un año descubrimos en casa un concurso televisivo diferente y y de formato muy atractivo: Master Chef, dónde 15 aspirantes competían por erigirse como “Mejor cociner@ amateur de España”.

Cada semana, presentaban diferentes retos a los concursantes en el arte de la gastronomía y ponían a prueba su capacidad de cooperación y trabajo en equipo.  Era muy interesante porque además de entretener, enseñaba.

Sin embargo, a pocos programas para el final, decidimos no verlo más, porque no nos pareció ni correcto ni justo algo que vimos, y que nos hizo recordar que en la televisión nada ocurre de manera arbitraria.

En diciembre, anunciaron que ya estaban abiertas las inscripciones para el casting de la segunda temporada.  Una persona de mi familia decidió apuntarse y tras superar diferentes pruebas, el 2 de febrero nos esperaba el macro casting, dónde 500 elegidos intentarían convencer al jurado para que les dieran una de las 50 preciadas cucharas de madera, el pase al casting final en Madrid.

Sabíamos que, al fin y al cabo, eso no era más que televisión, dónde todo está acordado, pero es inevitable llevar la ilusión por bandera y esperar que a lo mejor seas uno de los afortunados.

Por supuesto, después de aguantar como jabatos más de 9 horas apoyados en una barandilla, te quedas chafado si no eligen a tu familiar. Porque aunque todos los que estábamos de acompañantes teníamos claro que los candidatos estaban ya elegidos antes de empezar, esperas que sea menos evidente.

Todos sabemos que la televisión es un gran mago que deja anonadado con sus números, pero los cuales siempre esconden truco. Pero si descubres el truco, se pierden la magia y el encanto y el mago deja de ser mago para convertirse en una especie de fraude.

Desde la “fila preferente” que me asignaron como familia acompañante (vamos, el sitio que pude coger yo antes de que se llenara la valla de gente) debo decir que se vieron y oyeron muchas cosas que desmantelan la magia del programa. Por mi parte no creo que quiera volver a verlo. Y aunque mi decepción pueda parecer subjetiva porque no haya llegado una cuchara a mi casa, lo cierto es que es sincera y objetiva, fruto de lo que vi, escuché y experimenté durante las 9 horas que estuve sin separarme de la valla durante todo el casting.

¿Acaso es normal que todo el mundo esté ordenado por su inicial y que en medio haya algunos que no coinciden para nada con la letra? ¿Y si las cámaras enfocan “casualmente” a esos con letras diferentes todo el rato? ¿No es raro que la mayoría de esos “descolocados” se llevaran cuchara?  ¿Aun cuando alguno pensaba presentar quejas al programa porque el culinario ni siquiera se había dignado a probar su plato?

Sí, ya lo he dicho, es televisión, y por supuesto prima la audiencia y por muy bien que cocine alguien, nunca será bueno si no da “juego”.  Se trata de atraer a las masas…

Pero me temo que esta vez han metido la pata hasta el fondo.  Llevan dos emisiones y tras leer los comentarios de la gente, dudo mucho que esta edición acabe como la primera.  La gente está desencantada porque veían el programa como algo entretenido y muy diferente y se ha convertido en un “Gran Hermano” más.  Los aspirantes han demostrado no tener ni idea de cocinar con el añadido de que creen lo contrario.  Los telespectadores esperaban buena cocina, como en la edición anterior, y se han encontrado con un grupo de personas que lo único que buscan es el éxito social.

Tras ver la primera emisión por no poder ver otra cosa y tras leer los cientos de comentarios en la página oficial,  no puedo por menos que sentirme de nuevo decepcionada y reafirmada en lo que pienso del programa.

Los 15 mejores, ni siquiera se llevaron cuchara.

Elecciones….again

Hace unas semanas, terminé de leer un gran libro del también gran escritor José Saramago: “Ensayo sobre la lucidez”.  A groso modo y sin entrar en detalles que desvelen demasiado esta lectura imprescindible, nos cuenta la situación de una ciudad en la que sus ciudadanos deciden votar mayoritariamente en blanco en unas elecciones municipales cuyos resultados desencajarán el rostro del más frío de los políticos y que demostrarán que ante la adversidad impuesta, los buenos valores morales no amedran a nadie, sino al contrario.

Nuestros políticos han decidido convocar elecciones anticipadas para elegir al nuevo dirigente de nuestro país, debido a la insostenible situación económica que estamos pasando.  (Todos sabíamos que esta situación acabaría por llegar tarde o temprano). El período de bombardeo propagandístico está a punto de comenzar, justo después del bombardeo televisivo para anunciarnos que podemos solicitar nuestro voto por correo. 

A ellos, los políticos quiero decir, se les llena la boca de buenos própositos e ideas para el cambio.  Y al escucharlos, nuestro oídos se embelesan, porque hablan tan bien… (ejem)

Mientras tanto los recortes en distintos campos no dejan de sucederse y todos los intentos por echarlos atrás se quedarán en el olvido.  Nuestra pasividad nos puede.  Que se muevan otros, decimos…

Con el movimiento de los indignados, se demostró que los ciudadanos ya no estamos tan apáticos, que queremos cambio (a pesar de los radicales que siempre ponen mala fama al resto)

Y yo entonces me pregunto.  ¿Sería posible que sufriéramos un ataque de “cequera blanca” como a los ciudadanos de la novela de Saramago?  ¿Sabríamos actuar tan pacíficamente?

Esperemos que de verdad tengamos cambios para mejor.

Adaptación e indignación

Desde que lo vi anunciar, he estado ansiosa por verla, aun sabiendo que una adaptación cinematográfica o televisiva, como en este caso, nunca va a ser lo mismo.  Vamos, que no suele estar a la altura.  Y si tenemos en cuenta la cantidad de información y detalles del libro original, pues es todavía más difícil.  Y la verdad, no he errado mucho en mis expectativas.

Cuando me recomendaron el libro, recuerdo que me enganchó desde la primera “piedra”: las historias trepidantes y entrecuzadas a través de la historia  de la catedral de Kingsbridge.  “Los Pilares de la Tierra” se convirtió en uno de los libros que más sentimientos despertaron en mi, y por qué no decirlo, en uno de mis favoritos.   Y cada vez que lo he releído me he reafirmado en mi primera impresión, pues sigue despertando en mi los mismos sentimientos: ira por el despreciable William Hamleigh, compasión por las desgracias del padre Philip, Jack o Aliena, alegría cuando los planes del obispo Waleran se ven siempre frustados…

Por eso, ante el anuncio de su adaptación televisiva, no dudé en releérmelo por última vez, para conservar los personajes que yo imaginé al leerlo, y no frustrar la imaginación, que es lo que hubiera pasado si lo hubiera leído después de ver la serie.

Craso error.

Supongo que por el hecho de tenerlo tan reciente (lo acababa el mismo día que estrenaban la serie), soy mucho menos objetiva ante la comparación entre una y otra versión y por tanto me indigno más ante los errores de argumento.

Imagino, que de haberlo leído después en vez de antes, hubiera notado esos errores igual, pero quizá les habría dado menor importancia.

Como superproducción para la televisión, reconozco que es impresionante: cuidan hasta el mínimo detalle, de tal manera que, por una vez, los personajes son exactamente como los había imaginado.  Además se ajusta en un noventa y tantos por ciento al original.  Sin embargo, ese pico que le falta para que sea perfecto, son errores de argumento demasiado graves.  Ya sé, que los guionistas siempre dejan volar su imaginación para que no sea un mero calco de la versión escrita, pero tampoco es cuestión de despedazar la historia.  Son detalles demasiado finos e imperceptibles para quien no se sepa el libro de “carrerilla” como es mi caso, pero que se alejan tortuosamente del original.  Tengo ganas de ver como lo solucionan, porque desde luego, el argumento cambiará completamente.

Quizá ese sea mi problema.  Me sé tan bien el libro, que soy incapaz de ver la serie desde un punto de vista ajeno, como si fuera algo distinto. 

Pero supongo que para quien no lo ha leído, la historia es coherente, engancha y además entretiene.

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(Si hay tanta ambigüedad en esta entrada y no aclaro nada es porque no quiero chafarle a nadie que esté viendo la serie y no haya leído el libro o que lo esté leyendo ningún punto de la trama.)

La historia de Bella Swan

Ya sé que ésta es la tercera entrada que hago sobre lo mismo, pero es que Min tenía razón, y finalmente, como no le hice caso, me absorvieron el cerebro como ella vaticinó.

En dos semanas me he leído los tres “hermosos” (por gordos) libros de unas tropocientas páginas cada uno y ahora estoy a la espera de que me dejen el cuarto, “Amanecer” para saber como acaba esta historia de vampiros, licántropos y una humana a la que le pasa de todo.

Cuando mi compañera los compró, le dijeron en la librería que era una novela juvenil, y ella se sintió fatal, porque ya no tenemos 18 años.  Juvenil o no, es una saga que engancha desde la primera letra y que te deja con ganas de más cuando lo terminas.

De una lectura súper rápida y una descripción incluso demasiado detallada, estos tres libros (Crepúsculo, Luna Nueva y Eclipse), nos cuentan en primera persona, como transcurre la nueva vida de Bella Swan, una adolescente que se traslada a Forks, la ciudad donde vive su padre, y donde conoce al que será (o no) el amor a su vida.  Desde el mismo momento en que Bella y Edward cruzan sus miradas, las calamidades, ya sean personales, sentimentales o ajenas, empiezan a perseguir a Bella, que es como un imán para el peligro.

Una historia romántica donde la leyenda y el mito se hacen realidad como nunca uno se hubiera podido imaginar.

Llena de altibajos y que uno vive intensamente como si fuera la misma Bella.

Afortunadamente, aunque me han absorbido el cerebro, creo que no me han perjudicado demasiado, aunque tengo que reconocer que cualquier cosa que me dicen encuentro la explicación en todo lo relacionado al mundo vampírico.  Espero que en cuanto acabe el círculo con el cuarto libro, se me pase un poco la locura.

Y reconozco que aunque, para mi gusto, es demasiado romántico, me ha encantado por su sesión de aventuras, de intriga, de emoción…

 Editado a 24-5-2010:  ¡Ya tengo el cuarto y último!

La Última Bruja de Trasmoz

Cuando leí “El ejército perdido” pensé que había recobrado mi gran afición a la lectura, pero con el paso de los días, me he dado cuenta de que lo que tengo son altibajos: tan pronto leo mucho como paso un tiempo sin leer nada de nada.

En uno de esos estados de “devoradora de libros”, llegó a mis manos “La última bruja de Trasmoz”: un libro de muy fácil lectura, (tanto que yo me lo leí en una tarde), de narrativa juvenil y que ha ganado el primer premio del premio La Galera (El primer premio dónde el jurado está compuesto exclusivamente por jóvenes entre 12 y 15 años)

En el argumento encontramos la historia de un descendiente del poeta Bécquer que quiere escribir sobre una pesadilla recurrente que le persigue cada noche, y para ello quiere seguir los pasos de su antecesor.

Este libro de misterio-casi-terror que engancha desde el primer capítulo es casi terrorífico y angustioso, posee una narrativa vertiginosa y un final inesperado.

A mí me lo aconsejaron unas amigas por hacer mención algo nuestro, aunque sólo sea en el título, y aunque mi opinión pueda ser por ello medio subjetiva, se lo recomiendo a todo el mundo, aunque sea juvenil.

Espero que os agrade tanto como a mí.

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